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CONFERENCIA ALFONSO PLEGUEZUELO

28/06/2018 - Azulejos españoles durante el Renacimiento y el Barroco.

TRAYECTORIA ALFONSO PLEGAZUELO:

Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla en cuya Facultad de Bellas Artes imparte docencia desde 1983. Junto a su tarea docente ha dedicado preferentemente su labor investigadora a la historia de la arquitectura, de la cerámica y de la escultura, todo ello centrado en la Edad Moderna.


En el primer campo realizó su tesis doctoral sobre “La arquitectura sevillana del primer tercio del siglo XVII”. Por este trabajo recibió el Premio Ciudad de Sevilla (1987-88) que otorgan conjuntamente la Universidad y el Ayuntamiento. En este mismo terreno ha publicado trabajos como su artículo “La casa Lonja de Sevilla. De los proyectos a la ejecución” (Archivo Español de Arte, 1990), una monografía sobre Diego López Bueno, (Excma. Diputación de Sevilla, 2001), su libro Arquitectura y construcción en Sevilla 1590-1630. (Ayuntamiento de Sevilla, 2000) o su última obra El Palacio de los Marqueses de la Algaba, también publicado por el Ayuntamiento.


En el terreno de la cerámica ha publicado catálogos de importantes colecciones públicas y privadas, y ha comisariado exposiciones en diferentes sedes e instituciones culturales. Un proyecto de notable magnitud ha sido la comisaría científica de una gran exposición sobre azulejos en el Museo Calouste Gulbenkian de Lisboa, titulada “The Splendour of the cities. The Route of Tiles”, en la que se exponen desde azulejos arcaicos como los de la pirámide de Saqqara, en Egipto, hasta obras de azulejos de autores contemporáneos. En este campo de la azulejería ha publicado, además, numerosos trabajos en forma de artículos, libros y ponencias en congresos, tanto en España como en el extranjero, y ha sido autor de los proyectos museológicos y museográficos para la Sala Carranza del Museo de Santa Cruz, de Toledo; para la sección de azulejos del Museo Nacional de Cerámica, de Talavera de la Reina; para la Sala Miguel Ángel Carranza del Real Alcázar de Sevilla, y para el Centro Cerámica Triana del Ayuntamiento de esta misma ciudad.


En colaboración con otros autores ha elaborado la Guía Artística de la provincia de Huelva (Fundación Lara, 2006) y en los últimos años ha dirigido su atención hacia el mundo del comercio artístico y la clientela del arte, terreno en el que ha publicado, con el apoyo de la Excma. Diputación de Huelva, el libro Manuel Rivero. Los encargos artísticos de un mercader andaluz el siglo XVIII, Huelva, 2005. Trabajos posteriores han sido varios artículos sobre la escultora barroca Luisa Roldán, una monografía sobre el escultor y arquitecto de retablos Cayetano de Acosta (Excma. Diputación. Sevilla, 2007) y también fue el Comisario de la exposición titulada Teatro de Grandezas, dentro el ciclo “Andalucía Barroca 2007”, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

RESUMEN PONENCIA:

La costumbre española de revestir con cerámica nuestra arquitectura arranca con la tradición islámica y mudéjar de los alicatados y los azulejos granadinos y sevillanos respectivamente, y se afianza y expande durante el periodo gótico gracias a las producciones valencianas.


Un cambio de moda llega hacia 1500 con el establecimiento de Niculoso Pisano en Sevilla, donde pone en práctica tanto el nuevo lenguaje formal renacentista aprendido en su país natal como una nueva técnica de pintura cerámica que le permite imitar los efectos cromáticos y de ficción volumétrica de la gran pintura mural y de caballete.


Tras su muerte, hacia 1529, se pierden estos avances y durante el segundo cuarto del siglo XVI solo se practicará en España la masiva producción de los azulejos de arista, decorados mecánicamente con los cinco colores tradicionales mudéjares aunque con diseños ya renovados.


En la segunda mitad del siglo XIV llegan a España dos ceramistas procedentes de Amberes que reimplantan el modelo italiano tanto en Sevilla como en Talavera, centros que se convierten así en los dos más importantes productores e irradiadores por España y la América hispana de esta técnica que ya no se perderá en el futuro.


Durante los siglos XVII y XVIII se añaden a Sevilla y a Talavera ciudades como Barcelona y, sobre todo, Valencia, que se convertirán durante el periodo barroco en focos de enorme importancia que superan a los anteriores en calidad y en cantidad de producción, aunque nuevos productos y nuevos modelos, llegados de otros países después de 1700, supondrán una competencia que obligará a renovar las producciones y/o motivarán la decadencia de los centros tradicionales del periodo anterior.

 

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